jueves, 6 de julio de 2017

COMO SI FUERA PINOCHO



Que fea es la mentira y que feas de modos las personas que viven de ella. Lo digo porque con el tiempo he tenido que aprender a no enojarme (tanto) y a identificar más rápido a quien vive de esta manera.

A recientes fechas, en contra de mi voluntad he tenido que convivir de cerca con una persona que creo que en lo único que no miente es en respirar.

Eso si, una vez que l@ identifiqué me da menos coraje y me sorprende la imaginación tan fértil que tiene, además de que no sé si me cree estúpida o desmemoriada. El caso es que va cambiando de versiones de todo.

Eso me llevó a pensar, el porque de mentir en algo tan sencillo como el día a día… Siento que es la falta de atención y la excesiva necesidad de la misma.

Ha de ser muy triste tener que mentir en cosas tan sencillas como donde compraste tal o cual cosa, sobretodo cuando no se te preguntó.

Así, sin más… Como gorda en tobogán, comienzan a hablar de lo que poseen, a las personas que saben la realidad, como si con las palabras y mirada de loc@ fueran a cambiar de lo que uno conoce y ve.

No quiero que deje de molestarme ese tipo de actitudes, porque eso significaría que ya me acostumbre, que ya es común, que lo acepto como algo que “debe” ser.

Pero bueno, no hablo de esas que todos hemos contado, no me eximo porque yo también he dicho mentiras, si dijera que no, también sería una mentirosa. Me esfuerzo en no decirlas, pero quién no ha dicho; ya vengo en camino, cuando te hablan para saber si ya vas a llegar y tu sigues en pijama.

Pero manas, es muy diferente decir “Uy yo todo el tiempo dono al Teletón” a “Dejé a mi espos@ porque me golpeaba y lo recuerdo como si fuera ayer” y en la realidad el otro ni enterado@,

Esos que buscan darle un poco de sabor a su vida mediante el mentir, me hacen moño las tripas. Pero insisto debe ser una persona muy sola, que vive añorando que las cosas fueran diferentes.


Es triste cuando uno se da cuenta que no les alcanza la memoria para acordarse de que eso ya lo habían contado de otra manera. Mas miedo me dan los que son capaces no solo de recordar las mentiras que han contado, sino de elaborarle a lo dicho y no equivocarse. 

Ante ellos Pinocho se queda baboso.